Niñas al Poder: Un festival que transforma y construye igualdad

Niñas al Poder: Un festival que transforma y construye igualdad

Niñas al Poder en CIAM Cancún

Niñas al Poder es un Festival anual organizado por el Centro Integral de Atención a las Mujeres CIAM Cancún A. C. en conmemoración al 11 de octubre, Día Internacional de La Niña. Tiene como objetivo crear espacios donde las niñas puedan expresarse libremente, descubrir sus habilidades y reconocer sus propias capacidades.

A través de actividades prácticas y del intercambio de experiencias con mujeres de distintos ámbitos, se promueve la autoestima, el liderazgo, la igualdad de oportunidades y una cultura de paz, brindando a las participantes herramientas para imaginar nuevas posibilidades para su futuro.

Los inicios de Niñas al Poder

El camino de Niñas al Poder comenzó en octubre de 2018, cuando CIAM Cancún presentó esta propuesta para promover los derechos de las niñas y adolescentes, así como visibilizar las desigualdades y barreras sociales que enfrentan.

Entre las primeras actividades se incluyeron talleres de información y sensibilización, la presentación del libro Amiga Date Cuenta, de Tamara de Anda Prieto, y la proyección de una película con perspectiva de género.

En noviembre de 2019, esta iniciativa dio paso al primer Festival Niñas al Poder: arte, ciencia & cuerpo en sororidad, realizado en colaboración con la Casa de la Cultura de Cancún. Desde entonces, la propuesta ha buscado acercar estos temas a las participantes de una manera dinámica y participativa, mediante espacios de aprendizaje, expresión y reflexión.

Con el paso del tiempo, el Festival se ha desarrollado en espacios como la Fábrica de Artes y Oficios (FARO) de Benito Juárez y las instalaciones de CIAM Cancún; las actividades han mantenido el propósito de acercar a las niñas a distintas disciplinas y presentarles a mujeres especialistas que les permitan descubrir nuevas posibilidades, fortalecer su confianza y reconocer que pueden construir su propio camino, libres de estereotipos de género.

¿Por qué un festival dedicado a las niñas y las adolescentes?

Cada año el 11 de octubre, Día Internacional De La Niña, nos invita a reflexionar sobre las barreras socioculturales, económicas, educativas que impiden el pleno desarrollo de niñas y adolescentes en el mundo.

En CIAM creemos que prevenir la violencia contra las niñas y adolescentes implica mucho más que solo protegerlas, significa reconocerlas como sujetas de derechos, fortalecer sus capacidades y generar las condiciones para que puedan construir una vida libre de violencia.

Entendiendo las diferentes realidades

El municipio de Benito Juárez, Quintana Roo, cuenta con 911 mil 503 habitantes de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, INEGI (2020), representando el 49% de la población del estado. De éstos el 49.5% son mujeres.

De acuerdo al Estudio de Caracterización de las Violencias que Viven las Mujeres de Nivel Medio Superior en Benito Juárez, realizado por CIAM Cancún en 2022, se tiene que 7 de cada 10 mujeres encuestadas sufrieron algún tipo de violencia a lo largo de su vida. 3 de cada 10 dijeron vivir o haber vivido violencias en ámbito familiar.

3 de cada 10 vive o vivió violencias en ámbito escolar y el 7 de cada 10 mencionaron vivir o haber vivido violencias en ámbito comunitario, es decir, las mujeres están doblemente vulnerables en la calle, muchas de ellas comentan que tienen miedo constante de salir a la calle o andar solas debido a experiencias traumáticas como acoso, tocamientos, intentos de abuso sexual, abuso sexual o intento de secuestro.

7 de cada 10 encuestadas mencionaron vivir violencia digital, teniendo que cerrar todas sus redes sociales debido al acoso de desconocidos, otras han tenido que llegar a interponer denuncias por el acoso recibido a través de las redes sociales. La edad en que ellas han estado más vulnerables a sufrir por primera vez este tipo de violencia es entre los 12 y los 15 años.

Estas situaciones de violencia contra las mujeres permiten reconocer la importancia de considerar las características del entorno en el que viven. En este sentido los indicadores se pueden visualizar en dos realidades muy distantes: en el México urbano y en el México rural y este último a su vez se puede dividir en dos: lo rural y lo rural indígena.

Realidad en la zona maya

En 2025, CIAM Cancún realizó el estudio de Percepción de Igualdad de Género en Jóvenes entre 12 a 29 años de 6 Comunidades Mayas en Lázaro Cárdenas, Quintana Roo. A través de dicho estudio, se puedo obtener que:

  • El trabajo no remunerado es realizado mayormente por mujeres. 3 de cada 10 mujeres vive con ingresos familiares menores a $2,699 MXN, duplicando el porcentaje de hombres en este rango.
  • 7 de cada 10 mujeres y el 8 de cada 10 hombres no tienen hijos(as). Las mujeres tienen mayor porcentaje de hijos(as) que los hombres.
  • 8 de cada 10 hombres y mujeres conocen el concepto de igualdad de género; sin embargo, persisten estereotipos como: “Los hombres no lloran” y “las mujeres son el sexo débil.
  • Las mujeres sufren más acoso y abuso sexual que los hombres. Los responsables del abuso incluyen a padrastros, vecinos y familiares.
  • A pesar de estar en edad productiva o escolar, las mujeres asumen responsabilidades domésticas como una obligación natural, sin remuneración ni reconocimiento.

 

La violencia de género también transcurre entre la normalización y el silencio, con la violencia simbólica, como la invisibilización de sus derechos, el control sobre su cuerpo, o la exclusión en decisiones comunitarias, y que al estar naturalizada, no es reconocida como violencia ni por quienes la ejercen ni por quienes la padecen.

Ante este panorama, a través del Festival Niñas al Poder, no se pretende excluir a los niños, sino reconocer las necesidades particulares de las niñas y adolescentes, brindándoles un espacio para expresarse, aprender y desarrollar sus capacidades para identificar situaciones de riesgo, establecer límites, participar activamente en sus comunidades y construir su propio proyecto de vida.

Cómo hablar de emociones con tus hijos e hijas según su edad: guía práctica para familias

Cómo hablar de emociones con tus hijos e hijas según su edad: guía práctica para familias

Pocas cosas conectan tanto a madres y padres con sus hijos como el momento en que un niño, en medio de un llanto o un silencio largo, encuentra las palabras para decir cómo se siente. Pero esos momentos no ocurren solos: se construyen, se practican y se cultivan desde temprano. Saber cómo hablar de emociones con los niños es una de las habilidades más importantes que una familia puede desarrollar, y también una de las más transformadoras.

En CIAM Cancún A.C. acompañamos a familias de Quintana Roo en la construcción de vínculos más sanos y comunicativos. Esta guía recoge lo que hemos aprendido trabajando con niñas, niños y adolescentes: que las emociones no son un problema a resolver, sino un lenguaje que se puede aprender a cualquier edad.

¿Por qué es tan importante hablar de emociones con los niños y niñas?

La salud emocional infantil no es un complemento del desarrollo: es su base. Un niño que aprende a nombrar lo que siente tiene más recursos para relacionarse con otros, para enfrentar conflictos sin violencia y para pedir ayuda cuando la necesita.

De acuerdo con UNICEF, el desarrollo socioemocional temprano es uno de los factores más determinantes para el bienestar a lo largo de toda la vida. Las niñas y los niños que crecen con espacios seguros para expresar sus emociones desarrollan mayor resiliencia, mejores habilidades sociales y menor riesgo de desarrollar problemas de salud mental en la adolescencia y la adultez.

Hablar de emociones con los hijos tampoco es algo que se hace una sola vez: es una conversación que cambia de forma según la edad, la madurez y el momento de vida de cada persona. Por eso, no existe una única fórmula. Lo que sí existe es un principio constante: escuchar primero, nombrar después, acompañar siempre.

Cómo hablar de emociones con niños de 2 a 5 años

Lo que sienten a esta edad

En la primera infancia, las emociones son intensas, inmediatas y difíciles de regular. Un niño de tres años no puede esperar, no puede entender por qué no puede tener algo ahora, y no tiene palabras para decir que está frustrado, asustado o triste. Lo que tiene son berrinches, llantos, silencios o risas explosivas.

Esto no es mal comportamiento: es desarrollo emocional normal. El cerebro de un niño pequeño todavía está aprendiendo a procesar lo que siente antes de actuar.

Qué puedes hacer

  • Ponle nombre a lo que ves: “Parece que estás enojado porque tuviste que dejar el parque. Eso puede sentirse muy difícil.” No corrijas la emoción, solo nómbrala.
  • Usa cuentos y personajes. A esta edad, los niños procesan mejor las emociones a través de historias. Pregúntale cómo cree que se siente el personaje del cuento.
  • Valida antes de redirigir. Antes de decir “no llores”, prueba con “entiendo que te sientes triste”. Un niño que se siente escuchado se calma más rápido.
  • Modela en voz alta. “Yo también me pongo triste a veces. Cuando eso pasa, respiro profundo y luego hablo con alguien.” Ver a los adultos nombrar sus propias emociones enseña más que cualquier explicación.

Cómo hablar de emociones con niños y niñas de 6 a 11 años

Lo que sienten a esta edad

En la etapa escolar, los niños empiezan a compararse con sus pares, a enfrentar reglas más exigentes y a sentir presión por encajar. La vergüenza, los celos, la sensación de injusticia y el miedo al rechazo aparecen con más fuerza. También aparece la tendencia a esconder lo que sienten para no parecer débiles o diferentes.

Es una edad en que muchos niños dejan de hablar espontáneamente de sus emociones, no porque no las tengan, sino porque aprenden que el entorno no siempre las recibe bien.

Qué puedes hacer

  • Busca momentos laterales. Los niños de esta edad hablan más fácilmente cuando están haciendo algo al mismo tiempo: en el coche, cocinando juntos, caminando. No hacer contacto visual directo reduce la presión.
  • Haz preguntas abiertas, no de sí o no. En lugar de “¿te fue bien?”, prueba con “¿qué fue lo más raro que pasó hoy?”. Las preguntas curiosas abren más que las evaluativas.
  • No minimices. “No es para tanto” cierra la conversación. “Cuéntame más” la abre.
  • Habla de tus propias emociones sin dramatismo. Mostrar que los adultos también sienten miedo, vergüenza o frustración normaliza estas experiencias y les da permiso de sentirlas también.
  • Introduce el vocabulario emocional poco a poco. Más allá de feliz, triste o enojado, existen palabras como decepcionado, orgulloso, ansioso, agradecido. Ampliar el vocabulario emocional amplía la capacidad de entenderse a uno mismo.

Cómo hablar de emociones con adolescentes de 12 a 17 años

Lo que sienten a esta edad

La adolescencia es, emocionalmente, uno de los periodos más intensos de la vida. Los cambios hormonales, la construcción de la identidad, la presión del grupo, la exposición a redes sociales y la necesidad simultánea de independencia y pertenencia generan una tormenta interna que muchos jóvenes no saben cómo nombrar ni manejar.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que la mitad de todos los trastornos de salud mental tienen su inicio antes de los 14 años, y que la mayoría no son detectados ni atendidos a tiempo. Hablar de emociones con adolescentes no es un lujo: es una intervención preventiva concreta.

Qué puedes hacer

  • Respeta el tiempo y el espacio. Un adolescente que no quiere hablar ahora puede querer hablar en dos horas. La disponibilidad constante importa más que forzar el momento.
  • Escucha sin resolver. A esta edad, lo que más necesitan es sentirse escuchados, no que les den soluciones. Pregunta “¿quieres que te escuche o quieres ideas?” antes de opinar.
  • No conviertas cada emoción en un tema de disciplina. Si un adolescente dice que está muy enojado, ese no es el momento de hablar de reglas o consecuencias. Primero la emoción, después lo demás.
  • Normaliza buscar ayuda. Hablar de que tú también has ido a terapia, que tienes personas de confianza o que pedir ayuda es una señal de fortaleza, no de debilidad, siembra una semilla importante.
  • Muestra interés genuino en su mundo. Los adolescentes se abren con los adultos que se esfuerzan por entender lo que les importa, no con los que los evalúan o los corrigen constantemente.

Lo que no funciona: errores comunes al hablar de emociones

Aunque la intención siempre es buena, hay respuestas que sin querer cierran la conversación en lugar de abrirla. Reconocerlas es el primer paso para cambiarlas.

  • Decir “no llores” o “ya, no es para tanto”. Minimiza la experiencia del niño y le enseña que sus emociones no son bienvenidas.
  • Ofrecer soluciones antes de escuchar. Cuando alguien se siente mal, primero necesita sentirse acompañado. Las soluciones pueden esperar unos minutos.
  • Comparar con otros niños. “Tu hermano no se pone así” genera vergüenza, no regulación.
  • Reaccionar con enojo ante el enojo del niño. Dos emociones desbordadas no se regulan entre sí. Cuando el adulto se desborda, el niño queda solo con lo que siente.
  • Usar las emociones del niño como argumento de crianza. “¿Ves? Por eso no te dejo salir” convierte una emoción en una lección, y eso bloquea la comunicación futura.

Preguntas frecuentes sobre emociones e infancia

¿A qué edad puedo empezar a hablar de emociones con mi hijo?

Desde el primer año de vida. Los bebés responden a los tonos de voz y las expresiones faciales mucho antes de entender palabras. Nombrar emociones desde pequeños, aunque el niño todavía no hable, construye los cimientos del desarrollo emocional.

¿Qué hago si mi hijo dice que no siente nada?

No insistas en ese momento. Algunos niños, especialmente los varones, aprenden desde muy pequeños que mostrar emociones no es bien visto. Sigue modelando la expresión emocional en tu propio comportamiento y mantén espacios de conversación sin presión. La apertura llega cuando hay confianza.

¿Es normal que los adolescentes no quieran hablar con sus padres?

Sí, es parte del proceso de individuación propio de la adolescencia. Lo importante es mantener una relación de confianza y disponibilidad, aunque las conversaciones profundas sean esporádicas. Un adolescente que sabe que puede acudir a sus padres cuando lo necesita, acude.

¿Cuándo debo buscar ayuda profesional?

Cuando los cambios en el comportamiento emocional son sostenidos en el tiempo, muy intensos o interfieren con la vida cotidiana del niño o adolescente: sueño, alimentación, rendimiento escolar, relaciones sociales. Un psicólogo infantil o un especialista en desarrollo emocional puede orientarte con claridad.

El papel de las organizaciones en la salud emocional de las familias

Las familias no están solas en este camino. En CIAM Cancún A.C. trabajamos todos los días para que niñas, niños y adolescentes de Quintana Roo crezcan en entornos emocionalmente seguros: con talleres de habilidades socioemocionales, acompañamiento a familias y formación en buen trato que llega a escuelas y comunidades.

Sabemos que hablar de emociones no siempre es fácil, especialmente cuando los adultos también cargamos historias en las que nadie nos enseñó a hacerlo. Por eso, nuestro trabajo no solo está dirigido a los niños: está dirigido a las familias completas, porque la salud emocional se construye en comunidad.

Si quieres conocer nuestros programas o sumarte a esta causa, visita nuestra página de trabajo o apoya con un donativo. Cada acción que siembra bienestar emocional en un niño siembra un futuro más sano para toda la comunidad.

¿Qué es la educación para la paz? beneficios y cómo aplicarla

¿Qué es la educación para la paz? beneficios y cómo aplicarla

La educación para la paz es un proceso formativo que desarrolla los conocimientos, las habilidades y las actitudes necesarias para resolver conflictos sin violencia, respetar los derechos humanos y construir relaciones basadas en la igualdad y el buen trato. No se limita a las escuelas: se practica también en la familia, en la comunidad y en los espacios públicos, y beneficia a personas de todas las edades.

Aunque el término puede sonar abstracto, sus aplicaciones son muy concretas. Enseñar a una niña a poner límites, mostrar a un adolescente cómo manejar el enojo sin agredir o ayudar a una familia a comunicarse sin gritos son, todas, formas de educar para la paz. En este artículo explicamos en qué consiste, por qué es importante y cómo puede aplicarse en la vida diaria.

¿De dónde viene el concepto de educación para la paz?

El concepto tiene raíces en la posguerra del siglo XX. Desde su fundación en 1945, la UNESCO estableció que las guerras nacen en la mente de las personas y que es ahí donde deben construirse las defensas de la paz [enlace saliente a la Constitución de la UNESCO]. Décadas más tarde, pedagogos como Johan Galtung distinguieron entre paz negativa, que es la simple ausencia de guerra, y paz positiva, que implica justicia, equidad y bienestar.

De esa distinción surge la idea central: la paz no solo se firma en tratados, también se aprende. En consecuencia, la educación para la paz busca transformar las violencias cotidianas, como el maltrato en el hogar, el acoso escolar o la discriminación por género, y no únicamente los conflictos armados.

¿Por qué es importante educar para la paz?

Los datos muestran que la violencia comienza en los entornos más cercanos. En México, la encuesta ENDIREH del INEGI reporta que el 70.1% de las mujeres de 15 años y más ha vivido al menos una situación de violencia a lo largo de su vida [enlace saliente a INEGI, ENDIREH 2021]. Además, UNICEF estima que en el mundo la mayoría de niñas y niños pequeños experimenta disciplina violenta en su hogar [enlace saliente a UNICEF].

Frente a este panorama, la prevención resulta más eficaz y menos costosa que la atención de las consecuencias. Una persona que aprende desde la infancia a nombrar sus emociones, a negociar y a respetar a las demás tiene menos probabilidades de ejercer o tolerar violencia en su vida adulta. Por ello, la educación para la paz es reconocida como una de las estrategias de prevención más poderosas que existen.

Los pilares de la educación para la paz

Aunque cada modelo tiene matices, la mayoría de los programas de cultura de paz trabaja sobre estos pilares:

  • Resolución no violenta de conflictos: aprender a dialogar, negociar y llegar a acuerdos sin agresión.
  • Derechos humanos y derechos de las infancias: conocer y ejercer los derechos reconocidos en la Convención sobre los Derechos del Niño.
  • Equidad de género: cuestionar los estereotipos que normalizan la desigualdad y la violencia contra mujeres y niñas.
  • Educación emocional: identificar, nombrar y regular las propias emociones y reconocer las de otras personas.
  • Participación y ciudadanía: involucrarse en la comunidad y tomar decisiones de forma democrática.

¿Cómo aplicar la educación para la paz en casa y en la escuela?

En casa, el punto de partida es el ejemplo. Las personas adultas que resuelven sus diferencias con diálogo enseñan más que cualquier discurso. Además, ayuda establecer límites claros sin castigos violentos, validar las emociones de niñas y niños, y repartir las tareas del hogar sin distinción de género.

En la escuela, la educación para la paz se integra con actividades de convivencia, protocolos contra el acoso escolar, círculos de diálogo y contenidos sobre derechos humanos. Las y los docentes pueden comenzar con algo sencillo: dedicar unos minutos al día a que el grupo exprese cómo se siente y acordar en conjunto las normas de convivencia del salón.

En la comunidad, las organizaciones de la sociedad civil cumplen un papel clave, pues acercan talleres, acompañamiento y espacios seguros a las familias que más lo necesitan. Sumarse como voluntariado o apoyar con donativos a estas organizaciones también es una forma de educar para la paz.

Presentación Proyecto Empresarial Moderno Amarillo de Miguel

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se puede empezar a educar para la paz? Desde la primera infancia. Los primeros años son decisivos para aprender a convivir, por lo que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde.

¿La educación para la paz es lo mismo que evitar los conflictos? No. Los conflictos son parte natural de la vida; lo que enseña la educación para la paz es a resolverlos sin violencia y a convertirlos en oportunidades de acuerdo.

¿Quién puede educar para la paz? Cualquier persona: madres, padres, docentes, cuidadores, líderes comunitarios y organizaciones. No se requiere un título, sino disposición para practicar el respeto y el diálogo.

En el CIAM Cancún A.C. trabajamos la educación para la paz junto con la equidad de género y los derechos de las infancias en Quintana Roo. Si quieres conocer nuestros programas, sumarte como voluntaria o voluntario, o apoyar con un donativo, visita nuestra página de programas [enlace interno a Nuestra labor] o escríbenos [enlace interno a Contacto].